La cafeína es la sustancia más estudiada del planeta y, aun así, la mayor parte
de lo que se dice sobre ella y el sueño viene de/tutorials, no de ensayos. Un
buen ejemplo de por qué: la mayoría de los estudios que comparan «con cafeína»
y «sin cafeína» son pequeños, usan autoinforme y eligen a gente que consume
poco.
El ensayo que terminó antes de tiempo
El trabajo de Alstadhaug y sus colegas, en Frontiers in Neurology en 2020, se
diseñó bien: aleatorizado, doble ciego, cruzado, registrado como NCT03022838.
Iba a enrolar a 80 adultos con migraña episódica y un consumo diario de 300 a
800 miligramos de cafeína. Cada participant sustituye su cafeína dietética por
cápsulas de placebo o por cafeína encapsulada durante cinco semanas, y después
cambia de comparador otras cinco semanas.
Se terminó de forma prematura por baja captación. Diez personas. Edad media
46,3 años (desviación 9,9), índice de masa corporal medio 24,9, presión arterial
media 134 sobre 83. Consumo medio de cafeína: 539 miligramos al día con
desviación de 196,3.
Los resultados que sí se midieron
En la línea base había 11,5 días de cefalea al mes (desviación 4,9) y 5,2
crisis de migraña al mes (desviación 1,2). El índice de calidad del sueño de
Pittsburgh era de 5,8 y el HIT-6 de 62,8.
El sueño no cambió. Ni el índice de sueño, ni el HIT-6, ni los parámetros de
actigrafía: no hubo diferencias entre el período con cafeína y el de placebo. Es
el resultado que el artículo reporta con frase seca, y es el resultado que
importa para una página de hábitos.
La retirada, en cambio, sí. De los nueve que quedaron después de una baja,
la retirada brusca provocó crisis de migraña graves en siete, lo que causó una
baja adicional, y en dos un síndrome típico de retirada. Continuar con
cafeína no provocó migrañas, aunque una crisis ocurrió tras la
reintroducción.
Lo que esto dice sobre el suelo, no sobre el techo
El hallazgo de este trabajo no es «la cafeína no afecta al sueño». Es que
dejar de tomarla de golpe tiene una firma fisiológica clara y potencialmente grave en quien la consume a diario. Un porcentaje alto de personas que se
sienten peor después de dejar el café lo interpreta como «el café me estaba
haciendo daño». Este ensayo sugiere lo contrario: lo que se nota al día
siguiente es la ausencia del efecto.
Y nótese lo que el estudio no pudo responder: el propio abstract cierra
diciendo que no pudo contestar cómo afecta la retirada a largo plazo a quien
sufre migraña, y que hacen falta ensayos con más participantes.
Lo que estos datos no muestran
No muestran que la cafeína no afecte al sueño. El resultado nulo es sobre
nueve personas, con un consumo médio de 539 miligramos diarios, en una
población seleccionada por tener migraña. Un estudio de sueño con personas
sanas y consumo moderado podría encontrar otra cosa.
No muestran nada sobre el momento de la toma. El diseño comparaba períodos
completos con y sin cafeína. Nada aquí mide qué pasa si te tomas un café a las
siete de la tarde, ni si eso cuenta igual que uno a las diez.
No muestran nada sobre la calidad del sueño a largo plazo. Cuatro semanas
por condición, en un ensayo que se terminó antes de lo previsto, no son un
estudio de insomnio crónico.
Y no muestran nada del resto de la literatura: el resultado es sobre personas
diagnosticadas con migraña. La mayoría de los lectores de una página de
sueño no tiene migraña, y no hay ninguna razón para asumir que su respuesta a
la cafeína se parezca.