Hay un experimento que todos hemos hecho sin instrumentos: comparar el domingo por la
mañana con el lunes por la mañana. Mismo despertador, misma persona, distinta
sensación. La literatura sobre cortisol tiene un nombre exacto para lo que pasa
en medio, y es más interesante de lo que parece.
La respuesta al despertar, medida en saliva
El trabajo de referencia es de 2004, en Psychoneuroendocrinology, y tiene una
ventaja metodológica que casi ningún otro de esta área tiene: controla el
cumplimiento del protocolo, excluyendo a los participantes que informaban de
más de diez minutos de retraso entre despertar y tomar la primera muestra.
Los datos vienen de 196 hombres y mujeres de 47 a 59 años de la cohorte
Whitehall II de funcionarios británicos. Se muestreó cortisol salival libre
inmediatamente al despertar y 30 minutos después, en dos días. Además se
preguntó por estrés, control percibido y felicidad durante el resto del día, y
por calidad del sueño, hora de despertar y conductas de salud.
El hallazgo central, y la frase que hay que recordar:
- Los niveles de cortisol salival al despertar no diferían por sexo, ni por
posición socioeconómica, ni entre día laborable y fin de semana.
- Pero la respuesta al despertar —definida como la diferencia entre el
despertar y los 30 minutos posteriores— sí difiere: incrementos medios
de 10,5 nmol/l en día laborable frente a 3,7 nmol/l en fin de semana,
P < 0,001.
Es decir: el cortisol no está más alto el lunes por la mañana. Lo que cambia es
cuánto cae o sube en la media hora siguiente.
Los tres subgrupos que los autores revisan
Sexo. En el día laborable, las mujeres mostraron incrementos mayores que los
hombres (P = 0,011). En fin de semana no hubo diferencias por sexo. La
respuesta al despertar no es la misma phenomenon en un día y en otro.
Posición socioeconómica. En ambos días, una posición más baja se asoció a
una mayor respuesta al despertar (P = 0,014). Este es el hallazgo que más se
cita y el que más mal se cita, porque se trata de una asociación en una única
cohorte de funcionarios, no de un mecanismo.
La hora de despertar no se relacionó con la respuesta al despertar en
ninguno de los dos días. Es decir, no es que te levantes más tarde y por eso
suba más: el reloj de pared no explica la variabilidad.
Y un detalle bastante duro sobre lo que la gente percibe: los participantes se
calificaron a sí mismos como más estresados, con menos control y menos felices
durante el resto del día laborable que del fin de semana. La anticipación no solo cambia la bioquímica de la primera
media hora: cambia cómo se reporta el día entero.
El corolario: el turno y el cronotipo
Un estudio de 2025 en Journal of Clinical Medicine lleva la mismavariable a
otro terreno: 451 profesionales sanitarios en turnos, 77 por ciento mujeres,
edad media 42 ± 11 años, con la Escala de Estrés Percibido, la Escala de
Insomnio de Atenas, el PHQ-15 y el Cuestionario Reducido de Mañana-Vespertino.
Cuarenta de ellas formaron un subestudio fisiológico con cortisol salival medido
en tres momentos, en turnos de día y de noche.
Los resultados que conectan con lo anterior: el cronotipo vespertino tuvo
mayor prevalencia de insomnio (70 por ciento) y puntuaciones más altas en la
escala de insomnio (8,2 ± 4,2, p < 0,001). En la submuestra fisiológica, los
tipos vespertinos mostraron una respuesta de cortisol al despertar atenuada
(6,5 ± 5,1 nmol/l, p = 0,02) y una pendiente circadiana más plana durante
los turnos de día (p = 0,01). En la regresión logística, la edad, la carga de
síntomas somáticos y el estrés percibido fueron factores de riesgo de insomnio,
mientras que ser de tipo mañana fue protector (OR = 0,89, p = 0,003).
La conclusión de los autores es que el cronotipo vespertino en profesionales
sanitarios se asocia a una regulación alterada del eje
hipotálamo-hipófisis-adrenal y a peor calidad del sueño, lo que sugiere la
utilidad de la planificación por cronotipo.
Por qué esto importa más de lo que parece
La frase de los autores de 2004 es la que hay que quedarse: la producción de
cortisol en la parte temprana del día puede ser particularmente sensible a la
influencia del estrés crónico y de su anticipación, especialmente en las
mujeres.
Eso convierte el cortisol en un marcador de lo que va a pasar tanto como de lo
que pasó. Y explica por qué las estrategias que actúan solo sobre la noche
—ir a dormir antes— tocan menos de lo que la gente espera, mientras que las
que tocan la anticipación tocan la variable medida.
El ángulo de los péptidos ansiolíticos y el sueño
está aquí, con su propia evidencia y sus propios límites, que no son los
mismos.
Lo que estos estudios no muestran
No muestran que el cortisol alto cause daño, y tampoco que cause el
malestar: el diseño es correlacional y Transversal, y en la cohorte
británica el cortisol al despertar era idéntico entre días. La única diferencia
medida estaba en los 30 minutos siguientes, con una muestra de 196 personas de
un solo grupo profesional en una edad media que el resumen no da, lo que restringe mucho
la generalización. La relación con la posición socioeconómica viene de un
único estudio observacional, no de un experimento. Y la parte fisiológica del
estudio de 2025 son 40 enfermeras: suficiente para una señal, no para una
conclusión sobre turnos.
Este artículo resume estudios publicados y no es consejo médico ni una
recomendación para ninguna persona.