Hay dos moléculas que viajan juntas por el mismo pasillo metabólico y que en las etiquetas suelen aparecer una al lado de la otra, como si fueran la misma cosa. No lo son. El NAD es el coenzima: una molécula grande que se consume y se regenera en cada reacción que produce energía dentro de la célula. El NMN es su precursor inmediato, una molécula mucho más pequeña. La promesa que se apoya en esta pareja es precisa en su forma y confusa en su fondo: si se sube el NAD, entonces los procesos que dependen del NAD deberían funcionar mejor. La primera parte es medible. La segunda es la que los ensayos encuentran difícil.
Lo que los ensayos sí demuestran
El estudio más reciente que puedo citar con números completos es de 2022, en npj Aging, y es un ensayo controlado con placebo, aleatorizado, doble ciego y de grupos paralelos, con hombres mayores sanos a los que se administraron doscientos cincuenta miligramos de NMN al día durante seis o doce semanas. No hubo efectos adversos significativos. El análisis metabolómico de la sangre entera mostró un aumento significativo de las concentraciones de NAD y de sus metabolitos. Sobre la función muscular hubo mejoras con significación nominal en la velocidad de la marcha y en la prueba de agarre de la mano izquierda, y los propios autores escriben que deberían validarse en estudios más grandes. Sobre la composición corporal no hubo efecto significativo.
Conviene detenerse en esa frase, la de la significación nominal, porque es donde se juega la reputación de una molécula. En un ensayo bien dimensionado, un resultado que roza la significación y otro que la cruza se distinguen por el margen, no por la sensación. Los autores de este trabajo no presentan la mejora de la marcha como un hallazgo, sino como algo pendiente de confirmar. Es la diferencia entre una señal y un resultado, y en los comunicados de prensa esa diferencia suele desaparecer.
El estudio que todo el mundo cita, y su problema
El trabajo de 2021 publicado en Science, firmado por el equipo de Shin-ichiro Imai, es el que aparece en todos los artículos sobre NMN. Hice el esquema rápido: lo que está bien: diez semanas, aleatorizado, controlado con placebo, doble ciego, con una pinza hiperinsulinémica-euglicémica, el método de referencia para medir la sensibilidad a la insulina. El resultado se lee como una mejora de la sensibilidad a la insulina muscular en mujeres con prediabetes. Y el propio artículo declara sus conflictos de interés: Imai recibe regalías de patentes sobre el uso de NMN, Yoshino figura como inventor de una solicitud de patente y el laboratorio recibió financiación de Janssen.
Lo interesante viene después. Ese mismo trabajo recibió un comentario de lectura en la misma revista, firmado por Carl Brenner, y el comentario no discute los resultados: discute la reparto. Al inicio del estudio, las trece mujeres del grupo NMN tenían un contenido hepático de lípidos del 6,3 ± 1,2 %, mientras que las doce del grupo placebo tenían un 14,8 ± 2,0 %, con una p de 0,003. La diferencia de partida es tan grande que el comentario concluye que la aleatorización no había sido eficaz. Dos grupos que no parten del mismo sitio no miden bien la diferencia entre ellos, por muy bien aleatorizados que parezca el diseño sobre el papel.
Esto no convierte el estudio en falso. Convierte sus números en el principio de una prueba, no en su conclusión, y obliga a repetirla con una línea de base equilibrada. Quien lo presente como prueba cerrada está contando una historia que la propia revista de primer nivel no acepta.
El tercer estudio, y por qué importa el lado negativo
El tercero es de 2021, en el Journal of the International Society of Sports Nutrition, y mira a otro lado del mismo compuesto: la capacidad aeróbica en corredores aficionados, seis semanas, cuatro brazos, cuarenta y ocho personas, diez hombres y dos mujeres en cada grupo. El resultado que más se cita del trabajo es que la capacidad aeróbica mejoró. El resultado que se cita menos es que ese efecto se vio en la prueba de consumo máximo de oxígeno y en los umbrales ventilatorios, mientras que el consumo máximo de oxígeno, el pulso de oxígeno, el cociente de consumo por carga y la potencia máxima no cambiaron en ningún grupo.
Es decir: el rendimiento anaerobio mejoró en el subtest, y nada cambió en las medidas que resumen la capacidad aeróbica. Cuando los dos campos de la misma tabla dicen cosas distintas, el resumen de prensa elige el que suena mejor. Este artículo es de acceso abierto y cualquiera puede leer la tabla entera.
Qué queda, entonces
Queda una frase que se sostiene en todos los ensayos: el NMN oral sube el NAD en sangre. Es un hecho bioquímico, reproducido, con pocas excepciones. No queda la segunda frase, la que dice que subir el NAD se nota en cómo uno se siente, y esa segunda frase es la que aparece en todas las etiquetas. En los ensayos en personas que he leído, los beneficios funcionales son nominales o nulos, y el estudio que los contiene más tiene un problema de aleatorización publicado por la propia revista.
No estoy diciendo que el camino esté cerrado. Estoy diciendo que un marcador medido en sangre no es un resultado en la vida diaria, y que confundirlos es el error más caro de este mercado, porque el marcador es real.
Si quieres la versión con las cuatro referencias y los números de cada tabla, está la página que escribimos sobre NMN y los datos en personas. Y si prefieres ver la otra molécula del pasillo en lugar del precursor, el NAD aparece en el catálogo de younglab, vendido como compuesto de investigación.