Es la pregunta de quien no quiere apuntarse a nada y sospecha que su respuesta
favorita es demasiado fácil.
Sí, y esta es la cifra
Las directrices de la OMS de 2020 recomiendan a los adultos 150 a 300 minutos
de actividad física de intensidad moderada por semana, o 75 a 150 minutos de
intensidad vigorosa, más fortalecimiento muscular dos o más días por
semana.
Caminar a paso ligero —el que te deja hablar pero no cantar— es actividad
moderada. Media hora, cinco días, y la primera mitad de la recomendación está
cubierta.
De dónde salen los 10 000 pasos
De una campaña de marketing japonesa de los años sesenta, alrededor de los Juegos
de Tokio: un podómetro cuyo nombre comercial significaba, más o menos, “medidor
de 10 000 pasos”. La cifra se eligió porque sonaba bien y el carácter japonés
para 10 000 recuerda a una persona caminando.
No es una cifra mala; simplemente no es un umbral. Los estudios posteriores
encuentran que el mayor beneficio aparece al salir del sedentarismo y que la
curva se aplana bastante antes de los 10 000, con diferencias por edad.
Pasar de 2 000 a 5 000 pasos importa mucho más que pasar de 8 000 a 10 000.
Lo que caminar no hace
No mantiene la masa muscular ni la densidad ósea, y no entrena la capacidad de
producir fuerza rápido. Por eso la recomendación tiene dos mitades y la segunda
—fortalecimiento dos días por semana— no se sustituye con más paseo.
Esto importa sobre todo a partir de los cuarenta y tantos, cuando la pérdida de
músculo empieza a notarse si nadie hace nada al respecto.
Cómo encajarlo sin “sacar tiempo”
Lo que funciona es no convertirlo en una actividad aparte:
- Bajarse una parada antes.
- Llamadas de teléfono de pie y andando.
- Hacer la compra a pie, aunque haya que ir dos veces.
- Un paseo de quince minutos después de comer, que además sienta bien al ánimo y
a la digestión.
Ninguna de esas cosas necesita ropa especial, gimnasio, ni una decisión heroica
el uno de enero.