Preguntas normales, respuestas sin humo.

Calma5 de octubre de 2026 · 7 min

Vitamina D y sueño: qué dicen los ensayos, qué midieron y dónde acaban los datos

Cuatro revisiones, cuatro cifras y un solo desenlace: un cuestionario de diecinueve preguntas. Qué midió cada ensayo, con cuánta gente, y qué frase del propio autor baja la nota.

Cuestionario impreso junto a un vaso de agua sobre una mesa clara de madera

El sueño no se mide preguntando. Casi todos los ensayos lo hacen.

Respuesta cortaEl único desenlace que casi todos los ensayos de vitamina D y sueño comparten es un cuestionario de diecinueve preguntas. El sueño medido con polisomnografía aparece en un solo trabajo, y ese trabajo no dio vitamina D.

Hay una frase que se repite siempre igual en las consultas sobre salud: la vitamina D mejora el sueño. Es, con diferencia, el puente más citado de la suplementación y el menos medido. La razón no es que los ensayos sean malos. Es que casi todos miden lo mismo, y lo que miden no es el sueño.

Qué miden, exactamente, estos ensayos

El desenlace que casi todos los estudios de vitamina D y sueño tienen en común es el Índice de Calidad de Sueño de Pittsburgh, el PSQI. Es un cuestionario de autoevaluación de diecinueve ítems que cubre un mes entero y se resume en siete componentes: calidad subjetiva, latencia, duración, eficiencia habitual, perturbaciones, uso de medicación para dormir y disfunción diurna. La validación original se hizo con cincuenta y dos buenos dormidores, cincuenta y cuatro pacientes deprimidos y sesenta y dos pacientes con trastornos del sueño, y una puntuación global por encima de 5 separaba a los dos grupos con una sensibilidad del 89,6 por ciento y una especificidad del 86,5 por ciento.

Conviene decirlo en voz alta: eso es una persona estimando cómo ha dormido el mes pasado. No es una grabadora, ni una banda en la muñeca, ni un índice de eventos.

El número que circula y de dónde sale

La revisión más completa del tema es también la más fácil de citar mal. Reúne diecinueve estudios: trece ensayos aleatorizados, una adición oportunista a un ensayo ya en marcha, cuatro estudios pre-post y una serie de casos tratada como pre-post. El resultado que circula es una diferencia media de −2,33 puntos en el PSQI, con un intervalo de confianza de −3,09 a −1,57, una heterogeneidad de exactamente cero por ciento y una certeza de evidencia moderada.

Tres cosas conviven ahí sin discusión. La primera: algo más de dos puntos en un cuestionario no es “una noche mejor”, es un desplazamiento en la escala que comparten todos los grupos. La segunda es la frase que baja la nota, y está en el propio resumen: el efecto sobre la cantidad de sueño y sobre los trastornos del sueño no está demostrado y necesita más investigación. Es decir, el resultado bien establecido es sobre un constructo de autoinforme, y el que la gente quiere contar -que se duerme mejor- es el que no se midió. La tercera: el resumen sí dice cuántos ensayos entraron en la media —tres ensayos aleatorizados—, aunque no dice cuál de ellos aportó cada cifra. En la revisión de 2019, que sí lo precisa, el resultado de sueño procede de dos estudios.

Cuatro revisiones, cuatro cifras

Una revisión de 2022 filtró mil seiscientos treinta y siete títulos y dejó cinco artículos, con una diferencia media de −1,32 puntos, un intervalo de confianza de −2,55 a −0,09 y una p de 0,04. El intervalo toca casi el cero. Y la heterogeneidad estaba por encima del 75 por ciento, tan alta que los autores tuvieron que pasar a un modelo aleatorio.

Una tercera revisión, de 2019, saca su resultado de sueño de dos estudios y da −1,78 puntos (−2,28 a −1,28) en pacientes psiquiátricos. Una cuarta, de 2020, da una diferencia estandarizada de −0,45 (−0,76 a −0,13) y sus propios autores terminan escribiendo que hacen falta más datos para confirmar la eficacia.

Cuatro revisiones, cuatro cifras, dos de ellas con el intervalo pegado al cero. Cuando eso pasa, la pregunta correcta no es cuál es la buena, sino qué tienen en común los estudios que se combinan.

El único trabajo con sueño medido de verdad

Existe, y es importante, aunque no sea un ensayo. En el estudio multiétnico sobre ateroesclerosis se midieron mil setecientos veintiún adultos a la vez con polisomnografía, actigrafía y cuestionarios. La edad media era de 68,2 años y el 25(OH)D medio de 25,4 nanogramos por mililitro.

Las diferencias son pequeñas, y lo dice el propio trabajo. Las personas con deficiencia dormían de media 13,0 minutos menos que las suficientes (intervalo de −22,8 a −3,2). Entre los afroamericanos la diferencia era de 25,6 minutos, y entre los chinos estadounidenses el índice de eventos respiratorios era 7,5 por hora más alto. El veredicto de los autores dice “modest associations”, y además la relación cambiaba según el origen étnico.

Y hay un dato estructural que decide el debate: es un estudio transversal. Nadie recibió vitamina D dentro del estudio. Puede describir quién duerme peor; no puede decir que subir el nivel cambie el sueño.

Por qué el resultado da igual en distintos niveles de partida

Esta es la pregunta que más desconcierta, porque si el nivel inicial importara, las cifras deberían separarse por subgrupo. No lo hacen. Hay una razón posible, y hay un ensayo que la enseña.

En el ensayo de 2016 con mujeres posmenopáusicas con sobrepeso, todas con 25(OH)D entre 10 y 32 nanogramos por mililitro, la comparación global entre vitamina D y placebo no dio diferencia significativa. Pero dentro del ensayo apareció otra cosa: cuanto más subió el 25(OH)D, peor fue el sueño según el cuestionario. Las mujeres que volvieron al rango de repleción empeoraron su puntuación un 6,2 por ciento, y las que se quedaron por debajo mejoraron un 5,7 por ciento. En dirección contraria a la hipótesis, con una tendencia estadísticamente significativa.

El ensayo finlandés de 2026 juega en el mismo tablero. 421 niños con 400 unidades diarias y 424 con 1200, hasta los 24 meses, con el sueño descrito por los padres. La cantidad alta no se asoció con mejor sueño a ninguna edad. La asociación que aparece es otra: los niños que tenían al menos 75 nanomoles por litro a los 12 meses tenían menos alteraciones a los 24 meses, sobre todo desórdenes de despertar. Son asociaciones dentro de una cohorte, no el efecto de un suplemento.

Las dos piezas juntas explican la forma del resultado agregado: la parte que depende del nivel de partida no aparece en el promedio entre grupos, aparece dentro del ensayo como correlación, y en uno de los dos casos con el signo cambiado.

Un ensayo donde la señal no era de la vitamina D

Merece la pena mirar un trabajo de 2024 en el que la vitamina D era una variable entre cuatro. Doscientas doce personas con prediabetes, 24 semanas, cuatro brazos: vitamina D con calcio, vitamina D sola, calcio solo y control. El desenlace principal era el PSQI. El análisis por subgrupos salió favorable para el calcio en mujeres, en quienes arrancaban por debajo de 30 nanogramos por mililitro y en mujeres en la menopausia, y el artículo es explícito en que es un análisis posterior al ensayo.

La lectura honesta es incómoda: en el ensayo con tamaño suficiente para dividir por subgrupo, la señal aparece en el brazo que no era vitamina D.

Qué no muestran estos datos

Conviene decirlo en lista, porque es la parte que las notas de prensa nunca llevan.

No muestran que la vitamina D cambie el sueño registrado con un polisomnógrafo. En todo el conjunto no hay un ensayo aleatorizado con sueño medido en laboratorio. No muestran un efecto sobre la duración del sueño, ni sobre la latencia, ni sobre la fragmentación: el desenlace cuyo efecto “no está demostrado” es precisamente el que la frase popular da por concedido.

No muestran que el beneficio dependa de estar en déficit: los ensayos que estratifican por nivel de partida no encuentran diferencias consistentes entre niveles. Y no muestran nada en personas con niveles normales, porque ese grupo casi no está representado en los ensayos que dan nombre a la cifra.

Cómo leer un ensayo de vitamina D y sueño

Tres preguntas, y las tres se contestan mirando el método, no el resumen. ¿Qué se midió? Si la respuesta es un cuestionario, sabes que estás leyendo una percepción, y las percepciones responden al contexto, a las expectativas y al hecho de que la persona sabe que está tomando algo. ¿El placebo era equivalente? La mayoría de los resúmenes no lo dice; cuando lo dice, suele ser un placebo de apariencia.

Y la más informativa, la menos preguntada: ¿cuál era el nivel de partida? Un ensayo pensado para corregir un déficit claro y un ensayo que compara 400 con 1200 unidades responden a preguntas distintas. Lo que ninguno de ellos responde es si el sueño de un adulto con un nivel normal se mueve al subir o al bajar ese número.

Ese es el hueco honesto. La vitamina D tiene una historia larga y bien documentada en la salud ósea. La del sueño se ha repetido en voz alta mucho antes de tener la medida que la sostenga.

De dónde salen los datos

  1. Buysse, Reynolds, Monk, Berman, Kupfer: The Pittsburgh Sleep Quality Index: a new instrument for psychiatric practice and research. Psychiatry Res 1989;28(2):193-213. (PMID 2748771, cuestionario de autoevaluación de diecinueve ítems y siete componentes sobre un mes; validación con cincuenta y dos buenos dormidores, cincuenta y cuatro pacientes deprimidos y sesenta y dos con trastornos del sueño)
  2. Abboud M: Vitamin D Supplementation and Sleep: A Systematic Review and Meta-Analysis of Intervention Studies. Nutrients 2022;14(5):1076. (PMID 35268051, diecinueve estudios: trece ensayos aleatorizados, una adición oportunista, cuatro estudios pre-post y una serie de casos; diferencia media de −2,33 en el índice de calidad de sueño de Pittsburgh, heterogeneidad igual a cero y certeza moderada)
  3. Mirzaei-Azandaryani, Abdolalipour, Mirghafourvand: The effect of vitamin D on sleep quality: A systematic review and meta-analysis. Nutr Health 2022;28(4):515-526. (PMID 35578558, mil seiscientos treinta y siete títulos revisados, cinco artículos incluidos, diferencia media de −1,32 con heterogeneidad por encima del 75 por ciento)
  4. Jamilian, Amirani, Milajerdi, et al.: The effects of vitamin D supplementation on mental health, and biomarkers of inflammation and oxidative stress in patients with psychiatric disorders: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Prog Neuropsychopharmacol Biol Psychiatry 2019;94:109651. (PMID 31095994, el resultado de sueño procede de solo dos estudios, en pacientes psiquiátricos)
  5. Bertisch, Sillau, de Boer, Szklo, Redline: 25-Hydroxyvitamin D Concentration and Sleep Duration and Continuity: Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis. Sleep 2015;38(8):1305-1311. (PMID 25669179, mil setecientos veintiún adultos con polisomnografía, actigrafía y cuestionarios; estudio transversal, sin intervención)
  6. Mason, de Dieu Tapsoba, Duggan, Wang, Korde, McTiernan: Repletion of vitamin D associated with deterioration of sleep quality among postmenopausal women. Prev Med 2016;93:166-170. (PMID 27687537, mujeres posmenopáusicas con 25(OH)D entre 10 y 32 nanogramos por mililitro, doce meses, 2000 unidades internacionales al día junto a pérdida de peso; la señal va en sentido contrario)
  7. Seppälä, Holmlund-Suila, Hauta-Alus, et al.: High-dose vs standard-dose vitamin D and sleep in early childhood: A randomized clinical trial. Sleep Med 2026;143:108913. (PMID 41887120, 421 niños con 400 unidades y 424 con 1200 unidades al día hasta los 24 meses; desenlace por cuestionarios de los padres)
  8. Miao, Zhang, Zhang, et al.: Effects of vitamin D and/or calcium intervention on sleep quality in individuals with prediabetes: a post hoc analysis of a randomized controlled trial. Eur J Nutr 2024;63(4):1187-1201. (PMID 38366270, doscientas doce personas, 24 semanas, cuatro brazos; análisis posterior al ensayo, y la señal aparece en el brazo de calcio)
  9. Yan, Tian, Zhao, et al.: A meta-analysis: Does vitamin D play a promising role in sleep disorders? Food Sci Nutr 2020;8(10):5696-5709. (PMID 33133571, diferencia estandarizada de −0,45; los propios autores escriben que hacen falta más datos)

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